El olmo y la vid, de “El Pastor de Hermas” (s. II)

Paseando por el campo, me fijé en un olmo y una vid… se me apareció el Pastor y me dijo: ‘¿Qué andas cavilando?’ – ‘Reflexiono, dije, cómo las dos plantas se completan tan bien.’
‘Estos dos árboles, respondió, están puestos como figura para los siervos de Dios… Esta vid, continuó, trae frutos; pero el olmo es infructuoso. Sin embargo, si la vid no descansa sobre el olmo, no puede dar mucho fruto, yaciendo sobre la tierra, y el fruto que da se pudre, si no se cuelga del olmo. Cuando la vid se entrelaza al olmo, trae fruto por sí y por el olmo. ¿Ves ahora cómo el olmo da mucho fruto, no menos que la vid y aún más.’
‘¿Cómo es que da más fruto?’ – pregunté.
‘Porque la vid, repuso, suspendida del olmo da un fruto abundante y bueno; pero si yace en tierra, su fruto es poco y malo. Ésta es una parábola para los siervos de Dios, es decir para el pobre y el rico.’
‘Explícame cómo es esto.’
Y él me dijo: ‘Escucha: El rico posee muchos bienes, pero es un mendigo delante de Dios; porque enredado en sus riquezas, es insignificante su confesión y su oración a Dios, y su oración es poca y débil y no tiene poder en lo alto. Sin embargo, cuando el rico va al pobre y le alcanza lo que necesita, confiando en que la beneficencia hecha al pobre puede hallar un premio de parte de Dios – porque el pobre es rico en intercesión y confesión y su intercesión tiene mucho poder delante de Dios.
El pobre, por su parte, ayudado por el rico, intercede por él, dando gracias a Dios por aquel que lo socorrió. El rico, sin embargo, sigue preocupándose por el pobre, a fin de que nada le falte en su vida; pues sabe que la intercesión del pobre es grata y rica delante de Dios.
Entre los dos llevan a cabo esta obra: el pobre ofrece su plegaria, la cual es la riqueza que recibió de Dios, y la devuelve a Dios. De la misma manera, el rico ofrece, sin vacilaciones, al pobre la riqueza que recibió de Dios. Y esta obra es grata a Dios, porque el rico entendió cuál es la función de la riqueza…
Según la opinión de los hombres, el olmo no da fruto, pero no saben ni entienden que, teniendo el olmo agua, en tiempo de sequía, nutre la vid, y la vid rinde fruto duplicado: por sí y por el olmo. Así es cómo los pobres, intercediendo delante de Dios por los ricos, aumentan las riquezas de éstos; y los ricos, por su parte, supliendo las necesidades de los pobres enriquecen sus almas’.

El Pastor de Hermas, siglo II

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